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  • Betty Zanolli Fabila

Evocación


La música entre todas las artes, es la más importante en el sentido que no tiene un lenguaje especial, sino universal, que puede ser comprendido por todos los humanos; basta que tengan deseos de acercarse a lo surreal de la vida, a lo mágico de la existencia…

Uberto Zanolli


El 20 de diciembre de 2019 se habrán cumplido los primeros veinticinco años del fallecimiento de Uberto Zanolli. Sin embargo, su presencia espiritual y legado artístico estoy segura que le sobrevivirán.


Sobre sus inicios en la música, poco antes de morir él mismo había empezado a escribir un libro que se llamaría Soliloquios, y justo en su página inicial narra cómo fue su ingreso a la Escuela Comunal de Instrumentos de Arco, una de las secciones del hoy Conservatorio de Música Felice Evaristo Dall’Abaco, a la edad de seis años:


“Mi mamá esperó en la sala. Entré solo. Entregué los papeles al funcionario. El secretario Erculiani examinó en silencio la documentación. Cuando levantó la mirada, observándome por arriba de sus anteojos, me preguntó: ¿Sabes leer y escribir? No, señor – contesté descorazonado-, acabo de ingresar al primer año de primaria, pero –continué esperanzado- ¡Sé solfear hasta las dobles corcheas!”


Una década después, el 12 de junio de 1935, el Teatro Novo di Verona se viste de gala por un doble motivo: tendrá lugar el estreno de La Noche del Redentorde Lio de Marco y el debut como director de orquesta de Uberto Zanolli, músico veronés de tan sólo 18 años de edad. En 1937, este mismo joven gana el concurso de las Tres Venecias, cuyo jurado preside Gian Francesco Malipiero, con su obra pianística Disperata, inspirada en la poesía de Giosué Carducci. Las crónicas periodísticas de la región véneta comentan cada vez con mayor frecuencia sus éxitos como director concertador y compositor, al mismo tiempo que periódicos como Il Gazettino di VeneziaoL’Arena di Verona publican sus primeros artículos como crítico musical. Sin embargo, su vida será transformada radicalmente al interponerse en 1940 la Segunda Guerra Mundial, pues así como el arte imprimió en él su sello desde su más temprana infancia, su juventud quedará marcada desde el momento mismo en que es movilizado al campo de batalla. De tal forma, arte y guerra templarán su carácter y fortaleza, depurarán sus principios, valores e ideales y, sobre todo, sublimarán su espíritu.


No es mi ánimo abordar en esta ocasión propiamente la biografía de Uberto Zanolli. Deseo hablar del artista, del hombre, ya que si por algo luchó a lo largo de su existencia fue por ser un hombre. ¿Por qué? Porque como él invariablemente señalaba, y como todos los que convivimos con él así recordamos, le había sido reconvenido por uno de sus principales maestros, Pietro Mascagni, quien al dedicarle una de sus obras le escribió: “Uberto, recuerda siempre que antes que ser en la vida un gran artista, debes de ser un hombre”. Y Zanolli cumplió: no sólo fue un gran artista, antes que todo fue un hombre, y ello fue su mayor conquista.


¿Quién fue Uberto Zanolli, el italiano por cuya sangre corrían genes alpinos y etruscos, el veronés de nacimiento y cultura que llegó a México en 1953 y que murió mexicano sin haber regresado nunca más a su tierra natal?


Uberto Zanolli Balugani fue poeta y escritor, crítico, conferencista, docente de lengua italiana y música, violinista, musicólogo, compositor y director de orquesta, pero más allá de sus actividades, más allá de su formación, fue un alma exquisita, un hombre de sensibilidad extrema, como extremas lo fueron su bondad, nobleza y generosidad. Sin embargo, su compromiso de vida con el arte jamás admitió concesiones, la disciplina y el respeto por él se impusieron siempre. Y nadie mejor que él mismo para explicar cuál era su concepción del arte y del artista:


La fluidez inaferrable de la vida, en la obra de arte halla un instante de eternidad. Esta antítesis “instante” y “eternidad”, más formal que de hecho, quiere representar el relámpago de intuición que, al ánimo vibrante del poeta y músico esclarece un punto eterno en el flujo de la existencia. Hay quien hace el profesionista atento sólo al lucro o rozando el diletantismo: sería pues absurdo en estos casos esperarse revelaciones; no se puede pretender que este milagro acontezca cada noche y en cada teatro...

El arte es egoísta, no conoce medias tintas. Quiere todo para todo donar. ¡Guay al que de él hace un menester! La venganza del arte es implacable y severa como un ciclópeo cataclismo que todo destroza y anonada. No existe lo gris, lo uniforme, lo impreciso, lo vago. Existe el arte y su negación a las antípodas. Cada representación esconde vicisitudes, años, siglos, períodos, escuelas, generaciones de artistas... Vivir cerca de la muerte y sufrir las ofensas del tiempo y de los brutos es también una nota fatal del teatro musical. Los Sansones que tentaron derrocar el templo del arte sacudiendo sus columnas se ilusionaron con demolerlo, olvidando que su materia está hecha de substancia inmortal...

(“La inmortalidad de la ópera”, Diario de la Nación, México, 1959)

¿Dónde encontrar el origen de esa mística de entrega y vocación? Debió provenir en gran parte de las enseñanzas de legendarios maestros de la talla de Pik-Mangiagalli, Piero Bottagisio, Marco Enrico Bossi y, por supuesto, del propio Mascagni, quienes lo educaron dentro de la más pura tradición musical italiana en los conservatorios de Verona, Bolzano y Milán. Pero, remarco una vez más: su experiencia en la guerra debió ser fundamental, tanto en su plano vital como en su dimensión artística, pues si terrible es para todo ser atravesar por una experiencia similar, cuánto no lo será para aquél que lleva al arte en sí, y más aún cuando se ha sido prisionero de guerra y se ha padecido dos años en campos de concentración nazis, viviendo con la muerte día con día.


No podía su alma de artista más que manifestar su íntimo dolor a través de la literatura y de la música. De ahí su dramático libro de poesía escrito poco después de haber concluido la guerra: Non una stella, donde el sufrimiento, la angustia y la desesperanza son los protagonistas trágicos de cada uno de sus poemas en los que subyace como enseñanza la convicción firme de que para vivir sólo es necesaria una cosa: la vida misma.


Vida que no deja nunca de sorprendernos con sus paradojas… Era el 7 de mayo de 1945 cuando finalmente, después de meses de bombardeos incesantes a cargo de las formaciones aéreas de los aliados y luego de una noche eterna, la noche en que sucumbió ante el fuego Hamburgo y sus ardores llegaron a través de bocanadas asfixiantes de gas mostaza hasta las barracas de los prisioneros, tropas canadienses y elementos de la Cruz Roja Internacional llegaron a libertar a los reclusos de guerra del campo de concentración de Sandbostel, el último que le tocó padecer a Zanolli, quien ese día cumplía 28 años de edad y muchos, muchos más de vida interior, como lo refleja su poema Prisionero:


Quarantadue sei ottantasette./ Non più uomo: numero. / (Bucce di marce patate /rape bianche gialle e rosse / - da foraggio – / margarina minerale / - qualche grammo – / pan di paglia triturata / - segatura d’alti fusti iperborei – / acqua e sale.

Poco perche tu viva / Troppo perche tu muoia)

Dura / Prigioniero.


Hombre de lucha, al término de la guerra militó en el partido comunista italiano mientras retomaba su actividad musical. Sin embargo, pronto decidió dejar la política. Sus convicciones eran demasiado propias. Era un artista y por tanto temperamental y extraordinariamente sensible. Su camino era la música. Aún así, nunca dejó de luchar contra la injusticia, sin importar los costos que para su propia carrera ello le pudieran implicar, convencido de que era preferible defender la verdad por sobre toda otra circunstancia.


Al regresar a Italia retomó su actividad artística y trabajó en los principales teatros italianos, de Suiza, Francia, Portugal y España, alternando con las más importantes figuras del ámbito operístico europeo como Renata Tebaldi, Maria Callas, Beniamino Gigli, Plácido Domingo, Ralph Herbert, Enzo Mascherini y Aldo Protti. Sin embargo, en el verano de 1953 acepta un contrato por 90 días para actuar en México. El contrato así firmado con Ópera Nacional de México le había sido ofrecido por una condición que había estipulado la Callas que quería para dicha temporada la actuación del director veronés Zanolli. Su firma tuvo lugar a los pies de La Scalade Milán. Sin embargo, nunca imaginó que sería un viaje sin retorno a Italia, ya que México fue para él no sólo su segunda patria. Fue, como él mismo dijo orgulloso siempre, su patria elegida, la patria en que desarrolló una notable labor académica y artística, en la que su obra se tornó multifacética. La patria en la que formó una familia al casarse con la soprano Betty Fabila.


En sus primeros años en nuestro país trabajó dentro de la Academia de la Ópera. Como director de orquesta actuó periódicamente en diferentes temporadas de ópera y ballet dentro del Instituto Nacional de Bellas Artes. Hacia 1956 el gobierno mexicano, a petición del entonces secretario de Educación Pública, Lic. José Ángel Ceniceros, del titular de Relaciones Exteriores, Luis Padilla Nervo y con la anuencia del presidente Adofo Ruiz Cortines, le es otorgada la ciudadanía privilegiada, En 1959 fue nombrado director del Coro de la Ópera del Teatro de Bellas Artes e impartió clases de Canto Coral en el Conservatorio Nacional de Música, formando de modo paralelo diversos coros en escuelas particulares.


Ingreso como docente a la ENP

A partir de 1957 su vida toma un nuevo rumbo al consagrarse a la docencia al ingresar como docente de lengua italiana en la Escuela Nacional Preparatoria a petición del entonces Director General Lic. Raúl Pous Ortiz y a propuesta de la Embajada de Italia, materia que enseña en los planteles 3, 4 y 7 (siendo profesor fundador de los dos últimos), así como en la Facultad de Ciencias (1959-1960) de la propia Universidad Nacional Autónoma de México, ocupando la coordinación de italiano y francés en el plantel 7 de 1960 a 1970.


La Orquesta de Cámara de la ENP

Es en 1967 cuando su labor musical inicia en la ENP al fundar primero el “Coro de la Viga”, en 1971 el “Coro General de la ENP” con alumnos de los diferentes planteles, y en 1972 la Orquesta de Cámara de la ENP. Designado Director General de la ENP el Lic. Moisés Hurtado González, decide formalizar la enseñanza estética y para ello realiza una reestructuración administrativa. Crea la Coordinación de Actividades Estéticas y cuatro jefaturas correspondientes a las distintas disciplinas artísticas. Es así como el Lic. Hurtado nombra Jefe de la Sección de Música a Uberto Zanolli quien entre sus primeras acciones propone a las autoridades la creación de una orquesta de cámara para contribuir a la educación integral de los jóvenes bachilleres.


El 13 de septiembre de dicho año en el Alcázar del Castillo de Chapultepec la OCENP ofreció su concierto inaugural bajo la conducción del propio Zanolli, quien sería su director titular por más de veinte años, hasta su muerte. La fecha y el lugar para dicha ocasión fueron escogidos por él mismo en homenaje a los Niños Héroes. Qué mejor, decía Zanolli, que ofrecer en su honor este primer concierto de la orquesta preparatoriana en recuerdo de los que para él habían sido “los más puros héroes de nuestra historia”, tan jóvenes además como los propios estudiantes de los planteles de la ENP para los que se fundaba esta orquesta.


Con dicha agrupación Zanolli realizó una inigualable labor didáctica dentro del marco universitario a través de la cual luchó por aproximar a los jóvenes bachilleres tanto a las más bellas páginas del repertorio musical universal como a las obras de los compositores mexicanos. De esta forma verificó, ininterrumpidamente a lo largo de veintidós años, ciclos de conciertos didácticos en los nueve planteles del subsistema preparatoriano (contabilizados más de 3,000), además de extender esta mística de trabajo más allá de los recintos de la propia UNAM a fin de contribuir con esta ardua y callada labor a la educación musical de los públicos que presenciaban sus conciertos. Finalmente, cabe destacar que de forma paralela fue promovido Jefe de Departamento de Música en 1982 por el rector Octavio Rivero Serrano, y que de 1987 a 1994 fue Coordinador General de Actividades Estéticas en la propia ENP.


Giacomo Facco, maestro de reyes

México le tenía reservada una sorpresa especial: el descubrimiento de Giacomo Facco (1676-1753). El encuentro con un músico olvidado por la historia cuya trayectoria presentaba increíbles paralelismos con la suya. Haberlo estudiado, restaurado y divulgado, fue para Zanolli un acontecimiento sin igual. Su admiración y apasionamiento por Facco habrían de transformar su vida, baste señalar que gracias a la obra de restauración musicológica que realizó con dicho compositor, el Gobierno italiano le condecoró con la Cruz de Caballero de la Orden al mérito de la República Italiana.


Zanolli – Facco, Facco – Zanolli, una relación tan íntima y estrecha que llevó al escritor mexicano René Avilés Fabila, sobrino de Zanolli y su alumno de italiano, a declarar en sus memorias:


A mí me gusta vivir de recuerdos y a veces creo que todo tiempo pasado fue mejor y entonces saco de un cofre la imagen de mi tío Uberto Zanolli hablándonos con una voz cálida de Italia, de la música italiana, de Facco, por supuesto, mientras un grupo de preparatorianos atento lo escucha. Y a mí, en lo privado, de su amor por mi tía Betty.

Fue en el añoso castillo de Chapultepec, en 1962, donde Giacomo Facco volvió a la vida musicalmente dirigido por Uberto Zanolli. De nuevo se escucharon sus notas. Es probable que muertos ambos, la brillantez de la música de Facco no vuelva a tener el brillo y la pasión que ambos autores supieron imprimirle. Uno era el creador, el otro quien había hecho el milagro de resucitarlo de entre los muertos.

Avilés Fabila tiene razón, toda la razón. Yo coincido plenamente con él.


Rescate musical

Un rubro especial dentro de su producción la ocupa su infatigable labor como divulgador del arte musical a fin de contribuir a la formación integral de generaciones de preparatorianos, para la que realizó cientos de elaboraciones, arreglos, armonizaciones, transcripciones, revisiones, interpretaciones e instrumentaciones para diferentes conjuntos musicales, tanto vocales como instrumentales y mixtos de obras de compositores universales y particularmente mexicanos como Albeniz, Bizet, Blach, Brahms, Cardillo, Catalani, Creston, Chapí, Fiorillo, Frescobaldi, Haendel, Jiménez, Jolivet, Massenet, Monteverde, Mozart, Osma, Paganini, Pergolesi, Salazar, Schaefer, Schubert, Tosti, Turina, Veracini y Vitali, de los primeros y de los nacionales Macedonio Alcalá, José Anzures, Joaquín Beristáin, Miguel Bernal Jiménez, Ricardo Castro, Genaro Codina, Ernesto Elorduy, Belisario de Jesús García, María Grever, Pepe Guizar, Carlos Jiménez Mabarak, Miguel Lerdo de Tejada, Fernando Z. Maldonado, Melesio mroales, Aniceto Ortega, Manuel M. Ponce, Velino M. Preza, Juventino Rosas, Mario Ruiz Armengol, Mario Talavera, Tata Nacho y Felipe Villanueva, entre otros. Asimismo, un caso especial lo constituye la transcripción, interpretación e instrumentación que para orquesta de cámara hizo de El Arte de la Fugade Johann Sebastián Bach, por la cual en 1975 la ENP le otorgó la Medalla de Oro al Mérito Académico.


Evocación

No, nunca olvidaré la imagen de mi padre: sentado frente a su escritorio, trabajando de modo infatigable por horas y horas para dotar a la Orquesta de nuevos materiales, inspirado en las enseñanzas de sus maestros, en los consejos –según me decía- que había abrevado principalmente de compositores como Rimsky-Korsakov y el propio Ravel, alimentado sólo por su íntima necesidad de explorar nuevos mundos artísticos bajo su propia concepción y original visión del arte. Gracias a ello, al término de su vida dejó un importante acervo musical, producto exclusivo de su trabajo como elaborador e instrumentador.


Si dijera que su espacio natural era el escenario diría una verdad, pero también lo sería el señalar que lo era la cátedra. Como maestro de música no tuvo muchos alumnos en Italia, pero entre ellos figuraron músicos hoy destacados como Carlo Zusi, Franco Margola y Franco Donatoni, coterráneos suyos a los que enseñó violín, no obstante haber sido él quien precisamente recomendó a Donatoni, cuando éste tenía 12 años de edad, considerar el estudio de la composición. En México, en cambio, fue maestro de gran cantidad de alumnos, tanto de lengua italiana como de canto coral, en escuelas públicas de la UNAM y del INBA y en diversas instituciones particulares. Yo misma tuve el privilegio de ser su alumna de Coro en el Colegio Francés Pasteur, pero lo fui principalmente desde que nací gracias a su ejemplo permanente y sus sabios, prudentes y amorosos consejos.

Zanolli era un hombre especial. Y lo digo no porque haya sido mi padre. Lo era. Es todo. Su presencia no pasaba desapercibida en ningún espacio, en ningún contexto, en ninguna reunión. Su amplia cultura y su personalidad lo hacían sobresalir siempre. Horas enteras podían las personas pasarse hablando con él. Siempre tenía tema de conversación, pero no había tema que abordara de modo vano o intrascendente, subyacía en todo momento una lección de cultura y, sobre todo, una reflexión de vida.


Pero era desde el momento mismo en que caminaba hacia el podio, con su paso inconfundible, veloz, decidido, enérgico, tal vez de alguna manera reflejo de los años que pasó en el Ejército Italiano, que su esbelta figura –envuelta en un frac que se había mandado hacer en Verona con tela australiana hacia 1949, el mismo frac que usó siempre y en el que invariablemente portó la Cruz de Caballero- cobraba mayor gallardía. Su personalidad se acrecentaba cuando dirigía, fuera un coro o una orquesta, y era en la ópera donde cobraba mayor esplendor gracias a su poderoso control y profundo conocimiento del espectáculo operístico. Su experiencia como apuntador –cuando no había los recursos electrónicos que hoy existen- había sido también fundamental en su formación y conocimiento del género y como director concertador le bastaba estar en el podio para controlar a un mismo tiempo a solistas, orquesta, coro y bailarines. Nunca lo he dudado: la ópera fue su vida, su pasión.


Antes dije que la guerra lo había marcado de modo determinante. Sí, Zanolli no hubiera sido el hombre que fue, ni el impacto que tuvo el mismo, si no hubiera atravesado por tan dura experiencia. Haber sido prisionero de guerra (kriskgefangen, según la terminología alemana), moldeó y temperó al extremo su sensibilidad, como al principio dije. De ella se valió siempre para extraer lecciones y moralejas. Lo constructivo siempre. Nunca lo contrario. Lo pueden atestiguar alumnos, maestros, todo aquel que convivió con Zanolli.

Tal vez ello explique en gran parte el dramatismo inherente y característico de su obra creadora.


Zanolli compositor

Como compositor, abarcó los géneros lírico, coral, orquestal y cinematográfico y al piano dedicó una decena de composiciones como Tarantella, Primera ySegunda Suitesy la Tocata bizantina, por citar algunas.Asimismo, desde muy joven realizó diversas líricas, pero en 1973 elaboró una muy especial: Elegía a un hombre, a la memoria del presidente chileno Salvador Allende con motivo de su asesinato, para la que escribió también el texto. Era indudable el impacto que en él había causado tan atroz crimen, y Zanolli, hombre de izquierda, no podía menos que reaccionar ante tan artero suceso.


Dentro de las obras que escribió en el género coral quiero mencionar France eternelle(1989), elaborada sobre temas de la revolución francesa, y Espera (1990), cuyo texto está tomado de su poema Bambina de Dombovar, en la que narra el encuentro con una niña de dicho poblado que se desprendió de la mano de su madre para darle un pedazo de pan y con ello convertirse en el único rayo de luz durante la guerra. Para orquesta de cámara compuso: Tres danzas antiguas (1973), Retablo Romántico (1973), Cabalgata (fantasía Tirrénica) (1978), Preludio y Fuga R-7 (1979), Imagen (1989), Leyenda (1991) y Evocación jaliciense (1992).


Entre las composiciones inéditas que dejó se encuentran Siete miniaturas del Mayabpara piano (1991), así como la última de ellas: la obra coral El cántico del Hermano sol (1993) sobre textos de san Francisco de Asís.


Pero, ¿cómo describir su personalidad como compositor? No es fácil hacerlo. No era ni lo fue nunca un compositor tradicional. Desde su juventud estuvo atento a las innovaciones modernistas, pero tampoco al extremo de romper con las reglas de la armonía y del contrapunto. Su obra Preludio y Fuga R-7 es sin duda el mejor ejemplo de ello: es un homenaje justamente al arte contrapuntístico en el que empleó la compleja modalidad real a siete voces.


Tres danzas antiguas o Retable Romántico, nos muestran a un Zanolli que rescata formas y estilos pretéritos para darles nueva vida en el presente. En otras composiciones como Imagen, Leyenday Evocación, Zanolli ofrece otra faceta: yo diría que es un compositor contemporáneo que presenta la modernidad a través de una atmósfera impresionista. De alguna manera materializaba con ello la definición que de arte siempre defendió, la misma que sustentara Benedetto Croce: el arte como la percepción de una intuición.

Sí, así era su música. Y más lo fue siendo en el transcurso de los años.


De intentar realizar un balance sobre su vida y obra, no quedaría más que subrayar que, a pesar de su evidente vanguardismo, su respeto a las tradiciones musicales y la extenuante labor de difusión de las obras del repertorio universal y mexicano en el público escolar, fueron los objetivos centrales que inspiraron su labor artística y docente, orientada siempre con la finalidad de contribuir a la formación del gusto estético de la juventud. Tarea a la que la vida le condujo y a la que apasionadamente se entregó hasta el final de sus días.


… Eran las 7:45 horas del 20 de diciembre de 1994 cuando mi padre empezó a entrar en agonía, minado su organismo por cáncer fulminante. Puse entonces en el aparato fonográfico la grabación que había hecho de sus elaboraciones para orquesta de cámara sobre los doce adagide los Pensieri Adriarmonici de Facco. A pesar de que la muerte de modo inminente le acechaba, apenas escuchó la música, su mano derecha, instintivamente, empezó a dirigir en el aire las armonías de su músico más amado y admirado: Giacomo Facco. La agonía se suspendió, o si no lo hizo, se aunó al ritmo y a las cadencias melódicas facquianos. Al terminar de escucharse el último compás del último adagio, el XII, Zanolli se percató que había llegado a su término la obra de Facco. Un par de segundos después expiró.


A lo largo de esta evocación vida y muerte han estado presentes. Pero ¿qué es la muerte en realidad? El hombre desde que es hombre lo ha querido entender y hasta hoy no lo ha podido hacer. Mi padre al respecto continuamente reflexionaba pues creía fervientemente en la vida eterna. “Qué difícil es nacer y qué fácil es morir, porque en realidad no se muere” recuerdo bien que me decía. Sí, la muerte debe seguir siendo vida, otra forma de vida, y aunque la presencia física de una persona esté ausente, como Zanolli advertía, mientras su recuerdo, su inspiración, su consejo, su ejemplo nos acompañen, mientras su nombre siga siendo pronunciado, seguirá viva. Como espero siga vivo su recuerdo y su obra por siempre.


Betty Luisa Zanolli Fabila

Diciembre 20 de 2019







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